Washington, EU 6 Junio 2026.- En una sorpresiva declaración desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, generó una fuerte controversia internacional al anunciar que su administración se «ocupará» de Cuba tan pronto como disminuyan las hostilidades militares actuales en el Medio Oriente.
El mandatario estadounidense delineó una agresiva estrategia que busca asfixiar económicamente a la cúpula política de La Habana para forzar el colapso del sistema actual.
Según reportes oficiales de la Casa Blanca, el plan de Washington contempla el despliegue de una política de «máxima presión», la cual incluirá un endurecimiento histórico de las sanciones financieras y comerciales contra los altos mandos del gobierno cubano.
El objetivo explícito, de acuerdo con fuentes diplomáticas, es provocar un cambio de régimen definitivo en la isla.
Gobiernos aliados de la región han expresado preocupación por el impacto humanitario que un cerco económico total pueda tener sobre la población civil cubana. En contraste, sectores de la oposición y el exilio en Miami han respaldado abiertamente la postura de mano dura.
En México la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró la postura histórica del país a favor de la «no intervención extranjera» y el respeto a la soberanía de las naciones americanas, marcando una clara distancia de la retórica de Washington.
Aunque las autoridades de La Habana no han emitido un comunicado oficial extenso, medios estatales calificaron de forma preliminar las declaraciones como una «amenaza directa a la seguridad nacional» y una violación al derecho internacional.
Analistas internacionales advierten que esta nueva directriz de política exterior de los Estados Unidos podría abrir un nuevo frente de alta tensión en el hemisferio occidental, en un momento en que la atención militar y diplomática global ya se encuentra bajo severa presión debido a la reciente escalada bélica con Irán en el Golfo Pérsico.


