¡VIVE EL REY! HOMENAJE A JOSÉ ALFREDO JIMÉNEZ

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Ciudad de México (19 enero 2026).- José Alfredo Jiménez, El rey, sigue vivo. La música, el amor, y el género ranchero lo han eternizado. Prueba de ello son los cientos de personas que se han reunido para festejarlo este lunes, a un siglo de su natalicio.

Y qué mejor sede que este corazón musical que es Garibaldi, que palpita, que es una zona de fiesta, de cantinas, donde los cariños y las caricias han sido el lenguaje de cientos de historias de amor, tristeza y dolor. Aquí, las letras que creó José Alfredo se vuelven carne.

Desde las 17 horas una pequeña cantidad de público esperaba impaciente el concierto. En la plaza de Garibaldi, con su icónico kiosko pequeño, a lo lejos resuena una trompeta, un guitarrón proveniente de un grupo de mariachis que dedicaban una canción a una señora y su pequeña.

Nada importa el frío o el que sea lunes, hoy, al calor de un tequila, un mezcal o de la mano de su pareja, la música de José Alfredo regresa a animar esta plaza. Para la celebración se han reunido dos grupos musicales y el mismo número de solistas: El mariachi Los gavilanes de José Alfredo, Percy, María Elene Leal y Gabriel Solís.

Y sus canciones, que suman más de 300, hoy se entonan como himnos al orgullo, al desamor, a la tristeza, son una parte fundamental de la cultura de la mexicanidad.

El público, conformado en su mayoría por jóvenes y adultos mayores entonan las canciones “el amor no me interesa, cantaré por todo el mundo, mi dolor y mi tristeza”.

“El día de hoy es muy especial, tengo el honor de ser su nieto menor, José Alfredo fue un hombre que supo llorar de frente y sin miedo”, dijo su nieto Ángel Jiménez.

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No solo en Garibaldi sino que en Madrid también le hicieron un homenaje y en Mazatlán y en Guanajuato, Dolores, donde reposan sus restos, donde dejó su frase histórica: “La vida no vale nada”.

Tú y las nubes, Vámonos, P’a todo el año, El caballo Blanco, La noche de mi mal, Paloma querida, El Rey, La mano de Dios. Las 300 historias que dieron forma a sus canciones y otras tantas que quedaron inconclusas.

Hasta las 19 horas, fue que María Elena Leal Beltrán y Gabriel Solís, hijos de Lola Beltrán y de Javier Solís, respectivamente, además de Percy y los Gavilanes de José Alfredo Jiménez, agrupación creada por el hijo del compositor, iniciaron la celebración.

El concierto inició con la interpretación de las Mañanitas, el público llegó a animarse, para posteriormente tocar Tenampa, durante la cual el público padeció los errores técnicos del escenario.

Posteriormente, Percy interpretó Para morir iguales, ahora si acompañado por la voz del público, y fue coreado con aplausos y prosiguió con La Mano de Dios.

Gabriel Solís interpretó Serenata sin luna, mientras los escuchas cantaron de la mano “y mandó para mí tu ternura”, y se echó un palomazo de su padre con Renunciación.

Por supuesto no podía faltar cantar el Rey, la canción que sigue siendo voz de los corazones rotos, del orgullo. Su efigie en Garibaldi, mirando al cielo, su gesto plasmado mientras entona, con el gusto del tequila en el aire.


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