Hambre y pobreza

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Por: Arturo Mora

Lo experimentado en América Latina y en México en las últimas décadas, es una profunda contradicción social y política. Por una parte se ha logrado un avance sin presentes en la vida democrática de las naciones, esto no significa que se haya resulto todos los aspectos para tener una democracia transparente, justa, objetiva, legal y de calidad. Falta mucho por hacer, por construir, por educar y por aprender, pero se pudo pasar de estructuras dictatoriales de fuerza a estructuras civiles a través de procesos largos, pero pacíficos de consolidación de la democracia como régimen político, con todas sus salvedades y rasgos propios en cada país. México no fue la excepción

Por la otra parte, está el hecho de creer, dentro de una lógica democrática, que el tener cada vez más Estados con una visión y aspiración democrática, las condiciones de vida y con ello el bienestar social de la población tendría a mejorar y con ello los grades lastres del desarrollo, como son la pobreza y el hambre irían desapareciendo gradual, pero a pasos agigantados, dado que los gobiernos buscarían, en ese afán social que la democracia implica en sí misma, revertir las condiciones de marginación y exclusión social de millones de personas y por lo tanto ir garantizando a través de políticas sociales, ya sea a través de programas focalizados o universales, el ir igualando las cosas, en cuanto al desarrollo social.

Lo que se ha demostrado en estos últimas tres décadas, y dejando en el olvido la llamada década perdida de los años 80 del siglo veinte, es que el mundo económico mostró su rostro real, o mejor dicho lució sin ninguna reserva su cara, es decir, la de la ganancia, la de la plusvalía, la del poder económico, la de las estructuras financieras, las de la explotación y mostró que no tiene piedad, que no tiene un rostro humano, aunque se empeñen en maquillar y vestir al capitalismo actual con ese ropaje, que por cierto no le queda.

Los resultados de las prácticas y políticas neoliberales son pavorosos.  Un grupo de ricos cada vez más ricos, pero esos ricos cada vez son menos, y son más los desheredados de la tierra, y ahora más todos los excluidos social y culturalmente hablando, que se suman  a los obreros, a los empleados, a las  mujeres que trabajan en la casa o  en campo, sin recibir ingresos. Los excluidos son muchos, indígenas, discapacitados, desempleados, campesinos sin tierra, mujeres, niños y niñas, que no tiene acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, a veces ni a tener un nombre, una acta de nacimiento que confirme su existencia y con ello sus derechos, si es que llega a tenerlos, es decir si logra sobrevivir de la miseria en la que vive.

Lo real es que cada vez hay más pobreza y marginación. Los resultados que ha presentado esta semana el CONEVAL, que es el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo, reveló que la pobreza en México creció, es decir paso en 2010 de 52.8 millones de personas en situación de pobreza a 53.3 millones de personas en 2012. Los datos son duros y muestran el fracaso de las políticas implementadas en las últimas tres décadas de gobiernos neoliberales, priistas y panistas.

Los resultados de los programas desarrollados por parte del Estado y sus gobiernos, a través de programas llamados focalizados, que buscan a través de hacer transferencias monetarias, o llamado también impuestos negativos, atender la desigualdad social, esto a través de dar ingresos  a las familias de la comunidades y zonas más pobres del país, y con ello paliar parte de la miseria y con ello del hambre con la viven estos más de 53 millones de mexicanos y mexicanas. Sin embargo los resultados son muy raquíticos y ya desde hace varios años, se ha cuestionado al Estado mexicano sobre las estrategias seguidas a través programas como Oportunidades, 60 o más, Procampo, Progresa, entre muchos otros. El problema de fondo es que las estructuras económicas están alineadas al Mercado, esto es a la ganancia y no tienen ningún escrúpulo para seguir usurpando la plusvalía que genera el trabajo y ningún pudor para acabar con los recursos naturales del planeta, de México en particular.

Un caso concreto es el salario mínimo, hoy la “Canasta Básica”, junto con los gastos que implica los servicios mínimos para tener un mínimo de vivienda, salud y educación debería estar al menos en 300 pesos al día y no en los 56 pesos que ahora se pagan. Tener ingresos seguros y estables es lo que hace se active el comercio y el mercado interno, se propicie el ahorro y se pueda dar valor social a la educación y con ello promover  la movilidad social.

Por lado del empleo, lo que vemos es una reducción sustancial de los mismos, pese a la estrategia de seguir apostado al desarrollo a través de la inversión extranjera directa, como sería el caso de Guanajuato y que las empresas y los empleadores empiezan a traer a sus trabajadores y empleados, ingenieros y obreros calificados,  desde los países de origen del capital, el problema se agudiza.

Para que haya democracia debe haber igualdad, esto es,  igualad de derechos y en oportunidades. Igualdad entre hombres y mujeres, pero tiene que existir un piso mínimo de derechos, y mientras exista una brecha social tan amplia y profunda entre los que tienen todo y los que no tienen nada, la consolidación de la democracia es una falacia, y con ello se muestra lo que ya vemos todos los días como expresión social, como síntomas y rasgos de una sociedad polarizada y violentada. Así, somos testigos del incremento del delito y de la violencia,  la cantidad de asaltos, de robos a casa-habitación, de secuestros, de extorsiones, pero vemos también prácticas crueles e inhumanas, como la trata de personas, las redes de prostitución, el comercio de órganos humanos, el narcomenudeo, el alcoholismo, y en las situaciones sociales de pobreza el rostro de la violencia familiar, el maltrato infantil, el resentimiento social, la peleas de jóvenes por identidades fugaces y territorios irreales, vemos el alarmante incremento de los feminicidios en Guanajuato y todo el país.

Una sociedad crítica y una ciudadanía responsable, no puede cerrar los ojos ante la realidad. Los gobernantes tienen que actuar sin duda y pronto; y junto con los empresarios, deben comprender y con urgencia, que se tiene que reestructurar la vida económica del actual modelo acumulación de la riqueza y pasar a una nueva estructura social y económica de largo plazo, donde el bienestar social, la democracia política real, a la par del desarrollo social, sea la acción de congruencia para impulsar un Nuevo Modelo Desarrollo Económico. Se puede, pero se quiere un real compromiso y pacto por México, y no lo que se tiene ahora.

Para documentar la desigualdad, la Revista Forbes publicó en marzo de 2013 la lista de las 10 personas y familias más ricas del México actual:

1. Carlos Slim Helú, presidente honorario del Consejo de América Móvil. 73 mil millones de dólares y dueño de: Cigatam, Hulera, El Centenario , Bimex, Hoteles Calinda, Reynolds Aluminio, Seguros de México, Grupo financiero Inbursa, Fianzas La Guardiana, Artes Gráficas Unidas, Fábricas de Papel Loreto, Peña Pobre, Sanborns , Compañía Minera, risco y Empresas Nacobre , Euskadi y General Tire.

2. Alberto Bailleres González y familia, presidente del Consejo de GNP y Palacio de Hierro. 18 mil millones de dólares.

3. Germán Larrea Mota-Velasco, presidente y director ejecutivo del Consejo de Administración de Grupo México y Souther Cooper Corporation. 16 mil 700 millones de dólares

4. Ricardo Salinas Pliego, presidente del Consejo de Administración de TV Azteca y Elektra. Nueve mil 900 millones de dólares.

5. Eva Gonda Rivera y familia, accionista de Coca-Cola Femsa. Seis mil millones de dólares

6. María Asunción Aramburuzabala y familia, directora general de Tresalia Capital y vicepresidente del Consejo de Administración de Grupo Modelo. Cinco mil millones de dólares.

7. Familia Del Valle, encabezada por Antonio Del Valle, accionista de Mexichem, Pocheta y Banco Ve por Más. Cuatro mil 940 millónes de dólares.

8. Lorenzo Servitje y familia, accionistas de Bimbo. Cuatro mil 624 millones de dólares.

9. Jerónimo Arango y familia, inversionista en retiro y fundador de Aurrerá. Cuatro mil millones de dólares.

10. Emilio Azcárraga Jean, presidente del Consejo de Administración de Televisa. Dos mil 500 millones de dólares.

Cuando no hay democracia, no hay igualdad. Sin igualdad no hay dignidad. Sin dignidad e igualdad no hay derechos, sin derechos no hay Estado, sin Estado no hay Gobierno, sin Gobierno y sin Estado no hay soporte institucional para el desarrollo de una sociedad, libre, sana, educada, digna y democrática. Por ahora en la Ley de la Selva del Mercado, son pocos, muy pocos los depredadores y millones, muchos millones las presas.

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