¡EL HORROR A DIARIO EN LEÓN!, EMBOLSADOS Y TIRADOS EN BANQUETAS

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Bernardo Monroy.- La gente de El Coecillo, uno de los barrios más antiguos de León, comenzaba sus actividades de la semana como si de cualquier lunes se tratara. Caminaban por el cruce de las calles Toro y Españita, ignorando las bolsas negras que había a los pies de una imagen de la Virgen de Guadalupe… fue alrededor del mediodía que de ellas comenzó a emanar un insoportable hedor de las cuatro bolsas.

Por fin, alguien se atrevió abrirlas. Al descubrir su contenido supo que lo mejor hubiera sido no hacerlo, porque encontró restos humanos. La reacción inmediata fue hacer una llamada anónima al sistema de emergencias.

La tranquila calle del Barrio del Coecillo, donde la gente se dedica al calzado, se llenó de peritos, policías preventivos, agentes de tránsito y curiosos. Acordonaron el área con la habitual franja amarilla y comenzaron las investigaciones. Había un mensaje del crimen organizado.

Los restos humanos pertenecen a una persona, hasta el momento sin identificar.

El mensaje que quisieron expresar aquellos que dejaron al ser humano descuartizado es muy claro, pues las calles se encuentran justo detrás de las oficinas del Poder Judicial.

Durante el resto del día, la gente del barrio continuó con sus actividades, entre el desconcierto y el miedo.

DESPUÉS…

La Españita y la Toro son unas calle estrecha, no es diferente a la de cualquier otra colonia de la República Mexicana. Tienen un negocio de comida rápida, una papelería, un local de jugos y churros donde los trabajadores desayunan todas las mañanas.

Sin embargo, aquella mañana, después del siniestro hallazgo, la gente se encontraba desconcertada, y realmente no era para menos. Algunos demandaban más vigilancia y seguridad, mientras que otros no tenían idea de los hechos en el momento. Sería gracias a los noticieros que sabrían lo que acontecía.

TESTIMONIOS

[ Los nombres se han cambiado para preservar la intimidad de los entrevistados]

“Me tocó ver todo: cómo acordonaban las calles, cómo llegaban los policías. No sabía si era hombre o mujer, y la verdad es que no me importaba. Uno ya no quiere saber nada de eso por como está la ciudad y la situación”, dice Amalia Robles, madre de familia y comerciante.

“Lo que es un hecho es que hace años la situación estaba más pesada. Últimamente la delincuencia ha disminuido en la zona. Aún nos acordamos de José Luis, aquel chavito que murió baleado” expresa Daniel Sánchez, residente de la calle.

“Yo solo vi cómo cerraban la calle. No quiero ni me interesa saber más. Ni quien era, ni por qué sucedió, ni qué era lo que les debía a quienes. Así está mejor” puntualiza Gabriela Robles de Anda.

OTROS CASOS

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Los restos humanos encontrados en aquella esquina no son el primer caso. Enfrente del lugar de los hechos se puede ver una cruz, que guarda la memoria de José Luis Hernández Aguilar, de 23 años, quien falleció el 7 de noviembre del 2019. Un ramo de flores es otro de los objetos que evoca su recuerdo.

José Luis, apodado “Pepe” se encontraba en la calle aquella noche, cuando de súbito se detuvieron frente a él unas personas en un sedán blanco. Sin decir “agua va”, desenfundaron sus armas de fuego y le dispararon a quemarropa.

La ejecución fue en las calles Toro y Españita, mientras Pepe convivía con sus amigos. Los balazos y el desconcierto inundaron todo el barrio del Coecillo. La presencia de los paramédicos fue para dar constancia de su muerte.

NO SOLO CRIMEN, TAMBIÉN HISTORIA

La calle Españita destaca no solo por ser escenario de hechos funestos, sino también por ser un sitio con mucha historia. En libro “Monografía del municipio de León” de Carlos Arturo Navarro Valtierra, se habla de esta zona, cuyos límites, coinciden con los originales.

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El libro antes citado recuerda:

“En  el  pasado, se  podía  describir al Coecillo, de manera muy similar a San  Miguel,  como un  pequeño  poblado de  ambiente  campirano; sobresalían  la  abundancia de órganos marcadores de lí-mites y la gran variedad de árboles, como sauces, pirules, mezquites; no faltaron los extensos sembradíos de hortalizas diver-sas, ni los cultivos de cebada y alfalfa que provocaban la agradable frescura”.

Las cosas han cambiado con el paso de los siglos, no todas para bien.

Tantos casos, tantas historias. Tanta Historia. Así es el Barrio del Coecillo.

Fotos: Bernardo Monroy

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