MÉXICO VENCE A EU EN PREOLÍMPICO DE LA CONCACAF

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Ciudad de México (9 agosto 2026).- México ganó uno de esos partidos destinados a permanecer en la memoria. Por segunda vez consecutiva, la selección Sub-20 derrotó a Estados Unidos (2-0) para ratificar el título de campeón en el Preolímpico de la Concacaf.

Si las finales condensan varios partidos dentro de 90 minutos, el equipo mexicano los ganó todos. Dio una lección sobre la naturaleza del juego: primero lucha, luego el futbol. Cada disputa fue un juramento de carácter, un motivo para desatar el Cielito Lindo y la ola en un Estadio Azteca casi repleto.

Los goles de Cristobal Alfaro (24 y 60), dos golpes secos de cabeza en el área norteamericana, hicieron justicia en un escenario voraz, donde los himnos nacionales se cantaron como una advertencia mutua entre naciones.

Esta selección suele someter a su afición a la agonía para luego ofrecerle la máxima recompensa: el grito de gol en el instante de mayor exigencia. De las últimas cuatro finales de la categoría frente al rival acérrimo, México ha salido victorioso en tres.

Para este grupo de futbolistas, la velada además tuvo una revancha generacional, un ajuste de cuentas tras la frustración del proceso anterior que dejó al país al margen del Mundial y la cita olímpica de París 2024.

Los fantasmas de la contundencia quedaron enterrados; el equipo respondió en la semifinal ante Canadá y repitió la dosis contra Estados Unidos.

Las finales suelen encumbrar a una sola figura, pero la de este domingo perteneció al colectivo. Los jóvenes compitieron con una madurez distinta: se abrazaron en la adversidad y procesaron los errores con entereza. Santiago Sandoval y Hugo Camberos debieron ceder en el lucimiento individual para desgastar la estructura rival, pero el Tricolor venció fiel a su estilo, adueñándose de la pelota y lastimando por los costados.

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En Estados Unidos, el futbol no germinó de una tradición centenaria, sino del impulso de competir contra México. Sus estructuras buscaron construir una identidad como antídoto al talento, la presión y el sacrificio del jugador nacional.

Desde aquel día de 2002 en Jeonju (Corea del Sur), cuando la selección de las barras y las estrellas eliminó al Tricolor de una Copa del Mundo y dio vida al implacable mantra del «Dos a cero», la rivalidad cambió para siempre. Sin embargo, la selección mexicana se encargó de reordenar la historia.

La sentencia definitiva se escribió tras un tiro de esquina. Alfaro aprovechó un balón suelto provocado por una mala salida de Rizvanovich y, entre una maraña de piernas, firmó el 2-0 definitivo ante un rival entregado y mermado por la expulsión de su capitán, el zaguero Chris Applewhite.


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